LA CAPILLA DE SAN FERMIN

CAPILLA DE SAN FERMÍN- VIENDO NAVARRA Vol. 4

cdcapilla.jpg - 53.72 Kb

Carátula

Descarga Mp3 Castellano

This text will be replaced

Texto

CAPILLA DE SAN FERMÍN
La Iglesia
Justo al final de la calle Mayor, donde los peregrinos y sus pesadas mochilas dejan atrás la parte vieja de la ciudad de Pamplona, se encuentra, a mano izquierda, la Iglesia de San Lorenzo. Su fachada de estilo neoclásico escasamente decorada, apenas invita a entrar a los paseantes. Sin embargo, alberga en sus entrañas la imagen más venerada por todos los navarros, la del santo moreno, San Fermín.


La Capilla
Pasando el umbral de la entrada, que está rematada con arco de medio punto, y avanzando unos metros en línea recta por la nave, nos encontramos a mano derecha con la famosa capilla.
En su interior se combinan perfectamente dos estilos, el barroco y el neoclásico. La planta es barroca. Si mirásemos la capilla desde arriba, veríamos que tiene forma de cruz griega, esto es, una cruz con los 4 brazos de la misma longitud y que cabe a la perfección dentro de un cuadrado. La decoración, sin embargo, es neoclásica, muy sobria, sin apenas elementos que nos distraigan la atención de lo más importante, el altar. En él, una especie de urna, construida en 1819, al más puro estilo italiano, contiene la imagen de San Fermín. El tabernáculo está decorado con estuco y rodeado de 8 columnas que se agrupan de dos en dos para sujetar una cúpula de aspecto anguloso. Su única decoración son unos angelotes y algún símbolo episcopal.
La capilla es alta y elegante, sus muros claros y muy rectos y el techo está pintado en azul claro con medallones dorados. Y donde los brazos se cruzan aparece una preciosa cúpula circular de 5 metros de altura, con ocho ventanas que permiten que entre la luz dentro de la capilla. Al exterior la cúpula, sin embargo, aparece de manera octogonal. La cúpula ha sido la parte peor parada de toda la capilla. En 1796 se agrietó por culpa de la constante lluvia de Pamplona y en 1823, el ejército francés de los Cien Mil Hijos de San Luís la bombardearon e incendiaron. En ambas ocasiones el pobre Fermín tuvo que exiliarse a diversas iglesias de la ciudad. Pero ni el agua ni el fuego han podido del todo con la bóveda, y aun sigue en pié cubriendo e iluminando al santo.
El recinto queda acotado por un hermoso enrejado de hierro forjado procedente de una vieja verja donada por la Catedral y fundida para hacer una nueva a medida de la capilla. ¿Veis como también entonces andaban listos con eso del reciclaje?
Imaginemos por un momento el verano del año 1696; cuando los ediles del Ayuntamiento decidieron, un 11 de Julio, erigir una capilla dentro de la iglesia de San Lorenzo al santo patrón de su ciudad, que les procuraba salud, abundancia de frutos y buen tiempo, que no es lo de menos. Posiblemente nunca ha habido mayor acuerdo en el consistorio, porque proponer la idea y empezar las obras fue todo uno. Visto y no visto!
En seguida llamaron a tres hombres para que trazasen los planos: Santiago Raón, Juan de Alegría y Martín de Zaldua. De Zaragoza el primero, de Calahorra el otro y el último de la provincia de Guipúzcoa. Tres autores y ninguno navarro!
Para financiar el proyecto se pidieron limosnas a diestro y siniestro y los navarros aflojaron el bolsillo con gran facilidad. Bueno, no en vano, se trataba de su famoso patrón. En dos días se juntaron con 4.000 pesos y otros dos días más tarde ya se empezaban las obras. ¡Hay que ver que rápidas iban las licencias entonces!
La ceremonia de inauguración al ponerse la primera piedra, debió ser digna de ver. Acudieron a ella en procesión el obispo, el virrey, el alcalde, los maceros, la capilla de música, los clérigos de la parroquia, el prelado, los tenientes de justicia y el regidor de Burgo de San Cernin, además de otras personalidades notables de Pamplona. Allá no faltaba nadie! Se decidió que antes de colocar la primera piedra, se enterrasen dos cajas de hojalata con monedas navarras, encima de ella una piedra de alabastro, previamente bendecida por el obispo y sobre esta, otra piedra con una inscripción del ayuntamiento. Está claro que esta capilla tiene los cimientos bendecidos y redactados!
El Santo
Al Glorioso San Fermín, cantamos así…
¿Pero quien fue San Fermín? ¿De donde lo hemos sacado? ¿Qué hizo para despertar tanta devoción? El joven Firmínus o Fermín era hijo de un senador romano llamado Firmo y su mujer Eugenia. Tenía además dos hermanos llamados Fausto y Eusebia. Cierto día paseaba la familia por el centro de la ciudad romana de Pamplona, cuando se toparon con Honesto, que predicaba los principios más básicos del cristianismo. Firmo atraído por sus palabras se detuvo a escuchar la predicación y pidió a Honesto que trajese consigo a su maestro, el obispo de Amiens, Saturnino. A la llegada de éste, más de 3.000 personas se bautizaron en Pamplona en lo que hoy llamamos el pocico de san Cernin que está justo delante de la iglesia, entre ellas el senador y su familia. Fermín prosiguió sus estudios en Pamplona, de la mano de Honesto, pero fue enviado a Tolosa para ordenarse sacerdote. Pasó por las ciudades de Agen, Angers y Beauvais predicando la fe, hasta llegar a Amiens. Allí, cuenta la leyenda, hizo todo tipo de proezas y milagros, lo que le valió que pronto se ganase muchos y poderosos enemigos. El más temible de ellos, Sebastián, gobernador de las Galias, que mandó apresar y decapitar al santo. Quien sabe si por eso llevamos un pañuelo rojo sangre atado al cuello durante todas las fiestas…
Su martirio tuvo lugar un 25 de Septiembre sin embargo le rendimos honores en el mes de Julio. La explicación es bien sencilla y llena de lógica, en Julio hace más calor y además se celebraban las ferias públicas de la ciudad de Pamplona, así que la unión entre devoción y fiesta está servida. El 6 se le cantan las vísperas, el 7 es su día y el 14 se concluye con la octava de San Fermín.
Descripción de la imagen
Dado que Fermín vivió en el siglo III, no tenemos ni foto ni retrato que atestigüe como fue este notable joven. En la capilla dedicada a su nombre, se nos presenta a Fermín como un hombre de tez muy morena, pelo y ojos oscuros y rasgos menudos y finos. Por ello, mucha gente no ha dudado en llamarle el santo moreno. Pero… no es así. Al restaurar la figura del santo, se dieron cuenta que el bronceado de San Fermín era más falso que el de rayos uva, porque al limpiar la talla de madera se vió que el santo tenía la tez blanca y brillante. Cuando se hizo la imagen del patrono se usaba una técnica que dejaba la superficie tersa, como la piel del melocotón, pero que tiende a acumular mucho más polvo y eso ha hecho que San Fermín luzca moreno durante tantos años. Los restauradores, para no dañar esa imagen, decidieron que el santo no iba a mudar el color después de tantos años y lo dejaron tal cual estaba.
La talla de medio cuerpo, en la que asoma una cabeza de madera y unas manos guarnecidas de plata, tiene alma de relicario, ya que se guardan en su interior, las reliquias del santo que el capitán Miguel de Olagüe mandó traer desde Amiens. Todo el conjunto tiene forma triangular y queda rematado por la mitra que San Fermín porta en su cabeza y el báculo que lleva en su mano derecha; ambos símbolos de que es un obispo notable. Al santo patrón además le gusta acicalarse y engalanarse para las grandes ocasiones y para el siete de julio le gusta cambiar su capa habitual, por una roja bordada en oro. Su mitra y su báculo están realizados en una delicada filigrana en la que miles de insectos abrazan una piedra preciosa cada uno. Todo el trabajo de ornamentación y filigrana se mandó hacer en China y podemos afirmar que efectivamente es un trabajo de chinos! El día de su procesión, San Fermín se engalana también con una hermosa cruz de esmeraldas y oro traída de Colombia por ricos navarros que trabajaban para la corte del rey en Madrid e hicieron fortuna en las Indias.
San Fermín guarda en su tesoro innumerables piezas de orfebrería, cruces procesionales, cálices, capas, casullas, relicarios, libros… todo ello comprendido detrás de la capilla de San Fermín de la Iglesia de San Lorenzo y que son claras muestras del fervor que se le tiene al santo moreno.
Los dos patronos
Pero nuestro querido Fermín no siempre las ha tenido todas consigo y ha tenido que lidiar alguna que otra batalla. Un ejemplo, es la lucha que se mantuvo en el siglo XVII para ver quien ostentaría el título de patrón de Navarra. Por un lado, la Diputación y los jesuitas apostaban por S. Francisco Javier. Por otro, el cabildo, el obispo y la ciudad de Pamplona apoyaban al santo San Fermín. Toda Navarra entera se sumió en un duelo y cada santo iba acumulando, sin comerlo ni beberlo, partidarios y detractores. Al final se llegó a un acuerdo en el que ambos serían co-patronos de Navarra, pero hubo de venir el Papa Alejandro VII a ratificarlo porque parecía que nadie estaba dispuesto a poner fin a las disputas. Va a ser verdad que los navarros somos un poco tercos.
La procesión
Sin embargo, no creo que San Fermín pueda tener dudas de la devoción de los pamploneses ni que se pueda afirmar que la fiesta ha perdido su sentido religioso. La mejor muestra es salir a la calle un 7 de Julio por Pamplona a las 10 de la mañana y ver como la imagen del santo sale rodeada de gigantes y cabezudos, txistularis, bandas de música, maceros, cabildos parroquiales y un sinfín de gente madrugadora y vestida de un blanco radiante, que se agolpa en las aceras de las calles del casco viejo nada más que para homenajear a su mundialmente famoso San Fermín.
Créditos:

Edita:
Asociación Accesibilidad Universal

Patrocinado por:
Ayuntamiento de Pamplona

Promotora:
Asociación Retina Navarra

Texto:
Idoia Albéniz Merino

Música:
Aurelio Sagaseta

Locución:
Victor Bregaña

Fotografías:
Idoia Albéniz Merino

Maquetación:
Pablo Atienza Oteiza

Grabación:
Kiko Casado Aguilera
Track FM